Entrevista con Mario Piazza,

EL SUPEROCHISTA

Imágenes del documentalista rosarino por excelencia.
Una visita a su vida y a su visión: la del héroe singular, que alejándose de los modelos establecidos del éxito, los denuncia; y que, al amalgamar lo único y lo cotidiano, presenta su orgullosa proclama: la de haber descubierto para si las más valiosas resignificaciones del tiempo.

La imagen en la pantalla acusa un defasaje, un destiempo. En la pequeña e improvisada sala de cine, no del todo oscura, se observa la inmóvil silueta de un puñado de concurrentes que intentan atender la trama, donde un personaje se apresura y se desacelera alternativamente, indeciso, intentando capturar con su boca las palabras que él mismo está diciendo.
Promediaba el año 1974, y era un joven de 17 años, futuro estudiante de ingeniería electrónica, hábil para las matemáticas, el que manipulaba concentrado y calmo un ruidoso proyector de velocidad regulable, con el fin de hacer coincidir la película a los sentidos. Había tomado la filmadora Súper 8 de su padre y, grabando minuciosamente el audio por separado, logrado finalmente algo mágico: componer un film, ese mismo que ahora exponía por primera vez, levemente ansioso, intentando hacer coincidir su mirada de la realidad con el sonido de su propio tiempo.
Hoy, a los 55 años, ese joven autodidacta que fue Mario Piazza se convirtió en un valiosísimo referente para los realizadores argentinos y, sin lugar a dudas, es el gran documentalista Rosarino.
¿Pero que paso en el medio? ¿Cómo transcurrió su camino este rosarino-cineasta de raza? En esta entrevista digital, Mario Piazza nos acompaña en un pequeño paseo por fragmentos de su vida y obra, y nos desafía a que ahora seamos nosotros los que logremos hacer que las imágenes de su historia se apeguen al ritmo pausado y preciso de su voz, mientras ésta nos explica: “Efectivamente, yo creo que hay una analogía entre las formas de un cineasta en sus películas y su forma de expresión verbal. Me gustaría ser más prolífico y también más locuaz. Pero a la vez no quiero resignar una cierta profundidad en los filmes que haga. Y eso demanda tiempo.”

Período heroico
Todas las crónicas mencionan tu nacimiento en Nueva York y tu llegada definitiva a Rosario a los diez meses de edad. ¿Por qué naciste ahí, y por qué terminaste en Rosario?
A mi padre le salió por aquellos años (1955), recién recibido como médico, una oportunidad de trabajo y desarrollo profesional en un hospital de Nueva York. Todavía no estaba casado con mi madre. De modo que se casaron medio "de apuro" y se fueron para Nueva York. Allí fui concebido y parido, como un rosarino exiliado desde el inicio. Y una cierta sensación de "extranjeridad" me ha acompañado casi todo el tiempo, en casi todos lados.

No sé si te lo han dicho pero tenes aspecto de científico loco. Esto termina coincidiendo con tu premio nacional en las olimpiadas matemáticas en el 73. Siendo que la matemática fue tu primer amor, ¿por qué la cambiaste por el cine? ¿Como influyó esto en tus películas?
Estudié en Ciencias Exactas (en la UNR) pero no completé la carrera. Al principio tenía facilidad para las matemáticas y lo de la Olimpiada fue como un juego, los desafíos que planteaban los problemas de la competencia eran como un juego. Pero la carrera no lo era y en la medida en que avanzaba en los estudios cada vez me costaba más y cada vez menos entendía para qué quería aprender lo que estaba tratando de aprender. Ya había hecho yo mis primeros cortos y descubría mi vocación por el lado del cine, aunque en ese momento no le llamase vocación. Todavía no había escuelas de cine en Rosario ni en la provincia: la de Santa Fe acababa de cerrar. Estábamos bajo dictadura y el clima era bastante cerrado. Cuando cambiaron el plan de la carrera de Ingeniería y le agregaron un año, ya abandoné los estudios para dedicarme al cine por la propia, lo que significó poco menos que un salto al vacío.
Hoy ya ni me acuerdo cómo se resuelven una derivada o una integral, cosa que en su momento sí lo supe. Pero pienso que acaso haber ejercitado la mente como para entender aquellas abstracciones puede haberme ayudado para pensar las cosas de otra manera y acaso esto pueda haberme servido en la realización de mis filmes. No estoy seguro...

Comenzaste a filmar en Super 8 a los 17 años y lo usaste en varios cortos, por varios años, hasta ser de algún modo un especialista. ¿Qué significa el Súper 8 para vos?
En rigor, comencé a filmar antes de la invención del Super 8, de más pequeño todavía, usando la filmadora 8mm de mi padre. Pero fueron tomas sueltas y no constituyeron ningún filme terminado.
El Súper 8 era la herramienta que ponía a nuestro alcance la posibilidad de hacer cine, allá a mediados de los 70, cuando yo quería empezar a hacer cine. Todavía ni se concebía la idea del cine digital que vendría un cuarto de siglo después. De modo que asumíamos las limitaciones técnicas del súper 8, las que ahora se han hecho más evidentes en la comparación. La comparación que hacíamos en ese momento era en cambio con los otros formatos más "establecidos" del cine, básicamente el 16mm y el 35mm, y la ventaja definitiva del súper 8 radicaba en su costo más económico y en la mayor ligereza de los equipos, ambas características asociadas a la idea de libertad. El Súper 8 implicaba para nosotros, por otra parte, una mística en torno a la posibilidad de realizar un cine más libre y constituir a través de ello un movimiento.
Después vinieron las transformaciones técnicas que vinieron a ampliar el panorama de la realización audiovisual y relegaron aquellas aspiraciones en torno al súper 8 a las características de un "período heroico".

Retratar la esencia
Siendo que tus últimos tres largometrajes no fueron realizados en Súper 8, ¿Qué diferencias encontras? ¿Cómo influye el formato elegido para un film?
Hoy, desde la actual era digital podemos ver claro que entre las limitaciones del súper 8 no solo se contaba el mayor costo del material, sino también fundamentalmente lo complicado y caro de la obtención de unas copias que incluso no resultaban de buena calidad, más -en el rodaje- la exigencia de un mayor nivel de luz para filmar y el a veces molesto ruido del motor de la filmadora. Estas limitaciones resultan desconocidas para los nuevos realizadores de la era digital, lo mismo que las dificultades para el armado de las bandas de sonido y la virtual inexistencia de efectos de postproducción, desde un simple fundido abriendo o cerrando.
Pero por otro lado, cuando hoy en un filme incluimos una toma de archivo hecha en el formato súper 8 descubrimos que por la textura de la imagen, su capacidad de evocación muy difícilmente se lograría si esa misma toma hubiese estado registrada en digital. Todos mis filmes "post-súper 8" incluyen alguna que otra toma en ese formato.

¿En cuanto a Rosario, crees que fue una elección contar desde donde estabas parado, o te fue irremediable?
Mi corto documental "Papá gringo" (1984) tiene por escenario las calles de Bogotá. Ese corto me reportó un importante reconocimiento como realizador, más o menos como me pasó siete años más tarde con "La Escuela de la Señorita Olga" (1991), sólo que aquel anterior estaba producido en súper 8, que era el formato más indicado para la ocasión. La realización de "Papá gringo" surgió de un modo que podría decirse fortuito. Y no lo habría filmado si no hubiera sido que por un problema de pasaporte me impidieron abordar el vuelo de regreso a casa desde Bogotá (planeaba parar unos días en San Pablo, Brasil). Los otros documentales míos, los que filmé en Rosario, también surgieron en general de circunstancias fortuitas o encuentros azarosos. Pero en todo caso, el hecho de retratar historias rosarinas no es tanto algo "irremediable" como un plus de interés de mi parte para abordar un determinado tema.

¿Cuáles son las otras lecturas que crees posibles de tus películas, en cuanto a las denuncias que estos contienen implícitamente?
Sin haber sido hechas con un plan general previo, sino respondiendo cada una a unas respectivas específicas motivaciones, creo que puede verse claro que el puñado de documentales que hice a lo largo de los últimos 20 años busca retratar la esencia de unas personas especiales que procuran con su acción superar los límites que la sociedad o las circunstancias les han impuesto a ellos y/o a los demás. Y me gusta ver esa unidad de sentido no planeada de antemano. Sólo en relación a la existencia de la absorbente gran capital se hace acaso visible una crítica a la falta de federalismo en nuestro país, cuando muchas instituciones, funcionarios y personas imaginan por ejemplo, que federalismo es llevar a las provincias la cultura que producen los grandes artistas de la capital.
En los filmes míos que se desarrollan en Rosario seguramente va incluida la orgullosa proclama de que una historia o unos personajes como los que cada filme retrata probablemente no hubiesen podido tener lugar en la gran capital de los argentinos.

¿Qué medios utilizaste para que tus películas lleguen al público?
La llegada con un film al público suele ser un problema, por cuanto nunca tienen los filmes la amplia difusión que uno desearía ni llegan a todo el público que uno quisiera. Pero también ocurre a veces que los filmes adoptan caminos impensados, como pasa en particular con la difusión de "La Escuela de la Señorita Olga", que a más de veinte años sigue circulando en copias a veces legales y otras no, ayudando siempre a difundir el ejemplo de esa maravillosa obra educativa de las maestras Cossettini, para orgullo mío como realizador y como rosarino. Tal vez tenga que atender ese aspecto (el de la difusión) en los nuevos proyectos que encare. Y a la par que hacer el film, pensar alternativas de difusión para asegurar que llegue al público más amplio y de la mejor manera posible. Esa estrategia probablemente incluya la Internet en alguna de sus etapas. Y en todo lo posible, también la televisión, en estos tiempos de tv digital.

Dejar testimonio
¿Qué cambios observas en el cine documental de nuestro país hoy?
En principio los cambios producidos son en el sentido de una gran apertura -que hasta podría decirse explosión- de la realización documental, con una multiplicación de los colegas realizadores y de la producción. Si algo se ha perdido pueda ser el heroísmo que implicaba una realización bajo aquellas condiciones técnicas y políticas de hace tres décadas. Pero eso es algo que tiene que ver con el entorno y las condiciones del medio, que afortunadamente se han abierto ampliamente. Pensándolo de modo optimista pueda decirse que hoy esa frontera del heroísmo ha sido puesta más alto.

¿Cómo se lleva esa explosión en contraposición con los limitados canales de distribución y exhibición?
Es objetivo primero del cine documental es el de dejar testimonio (de un hecho o una persona). O sea, que exista el film es lo primero, que quede el documento. Después también se hace importante que circule. Los canales de difusión más importantes, que siguen siendo las televisoras, están en manos de quienes se arrogan el conocimiento de "lo que el público quiere", es decir estimulan el tipo de programación que mejor les redituará económicamente sin necesariamente prestar atención a lo que pueda redituar culturalmente entre el público espectador.

¿Crees que existe un público para el cine documental o hay que construirlo?
Ha habido un considerable avance del cine documental y todavía queda aún mucho por hacer en la "construcción" del público para el mismo. Un signo de ello es la difundida dicotomía entre "película" y "documental", como si un documental no fuese también una película (la distinción debiera ser entre película de ficción o película documental). Por cierto que en aquella dicotomía el documental queda "por debajo" de la llamada película. Tuve la dicha de iniciar este año yendo el domingo 1° de enero pasado al cine a ver mi primera película en 3D como espectador, el documental de Werner Herzog: "La cueva de los sueños olvidados", precioso filme que solo duró una semana en una única sala rosarina. En la historia del cine ha habido un aceitado trabajo de marketing en el desarrollo de las formas que atraigan al público. Y el cine documental no está propiamente en la línea principal de esa construcción marketinera. Habrá de pasar un tiempo más para que la poesía audiovisual iguale a la narrativa en términos de las preferencias del público.

¿Qué rasgo crees que destaca al colectivo de los Cineastas Rosarinos?
En principio lo que unifica al colectivo de los Cineastas Rosarinos es tan solo el lugar de residencia, esta ciudad de Rosario. Pero a partir de ello hay también una cuestión de actitud que unifica al conjunto de los realizadores rosarinos, y es la de haber elegido esta ciudad para desarrollar la propia tarea, desdeñando en general la seducción de los mayores recursos que en principio ofrece la vecina capital de los argentinos. La resolución de desarrollar el propio trabajo en la propia ciudad es en sí misma una declaración de principios y toda una apuesta por lo que se considera verdaderamente importante, más allá de las categorías establecidas del éxito.

A los dos años de su creación, ¿cuál es el balance y la proyección de ARDoc?
La ARDoc (Asociación Rosarina de Documentalistas) tuvo su reunión fundacional el 11 de septiembre de 2010, hace un año y medio. Y si bien su fundación tuvo como motivación inmediata la integración al Encuentro Nacional de Documentalistas que lleva adelante el maestro Humberto Ríos, a poco de andar nuestra ARDoc demostró tener motivos más profundos para su existencia, como es el de la acción conjunta por el bien común de los documentalistas de nuestra ciudad, trabajando en las áreas de formación, producción y difusión.
Contra mi falta de vocación dirigencial, los compañeros me han puesto de presidente de esta asociación. Y yo he asumido como un hermoso regalo que ellos quisieran que yo sea el primer presidente de la ARDoc.
Se vive en la asociación un estimulante clima de trabajo por el cual se llevan adelante las iniciativas de sus propios integrantes.

Mario Piazza sigue forjando su propia voz, pausada y segura, mientras ésta se contrapone cada vez mas con la velocidad de los tiempos. Continua desarrollando sus propias formas, realizando un cine que nos habla de nosotros mismos, e incorpora al propio tiempo como un protagonista más. Es un cineasta que en la era de la urgencia y la aceleración pudo construir y mantener su propia óptica: una mirada que se detiene en los detalles, un lenguaje que reivindica la belleza y la importancia de lo cotidiano, de lo sencillo, y que respetando la sintonía y la afinidad que lo unía a las historias que quería retratar, logró revelarse heroicamente a un país con una deformidad marcada en su centralización bonaerense, dándole luminosidad a personas e historias únicas, de las que suceden en cualquier ciudad, tantas veces invisibilizadas por la vorágine del mundo actual.
Será nuestra tarea darnos el tiempo para revisitar sus películas, para ir entrenando los sentidos a otro ritmo posible, mientras esperamos su próxima producción: “Acha Acha Cucaracha: Cucaño ataca otra vez”, que será una nueva oportunidad para sincronizar nuestras maneras de percibir y relacionarnos con el mundo.

Guille